Holocausto 40 años

El día de la toma del Palacio de Justicia, hace 40 años, el entonces ministro de Gobierno, Jaime Castro, comenzó la mañana en la sede de la Comisión Primera del Senado, esperando quórum para una sesión sobre la elección popular de alcaldes.

Inicialmente, la información que le llegó era confusa. Primero, le reportaron un tiroteo entre comerciantes de esmeraldas en la calle 14 de Bogotá. Luego, le dijeron que se trataba de un incidente en el Palacio de Justicia donde amigos de un procesado intentaban rescatarlo mediante intimidación a funcionarios judiciales.

La gravedad de la situación se hizo evidente cuando Castro vio pasar por la Carrera Séptima al Batallón Guardia Presidencial con traje de gala. Este batallón acompañaba al presidente Belisario Betancur, quien recibía a tres nuevos embajadores. Al darse cuenta de que el evento era «algo muy serio», Castro se dirigió a la Casa de Nariño para estar a disposición del presidente y obtener información más directa.

Al llegar, Betancur estaba finalizando la diligencia diplomática. En ese momento, un periodista llamó al presidente para leerle el manifiesto divulgado por el M-19. Con la lectura del manifiesto (llamado «Operación Antonio Nariño»), a Castro y a los demás ministros les quedó claro que el M-19 pretendía tomarse el poder, no solo llevar a cabo un acto terrorista. Su intención era derrocar al gobierno, exigiendo que el presidente Betancur fuera al Palacio de Justicia para someterse a un juicio que le iban a adelantar, lo que consideraban un acto del nuevo gobierno.

Ya en Consejo de Ministros, se decidió que el presidente no llamaría al Palacio para evitar dialogar directamente con los asaltantes. En su lugar, se designó al General Víctor Delgado Mallarino, director de la Policía Nacional, para que conversara con el presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía, quien era rehén.

Aunque el enfoque principal de Castro fue la gestión política en la Casa de Nariño, el asalto lo afectó personalmente: su esposa, que era funcionaria de la Procuraduría ante el Consejo de Estado, estuvo atrapada en el Palacio. Ella y dos empleadas se encerraron en el segundo piso, que no estaba controlado por los guerrilleros. Ante el avance del incendio, salieron cerca de la medianoche, siendo guiadas por un soldado al Palacio del 20 de Julio (Casa del Florero) para ser identificadas. Posteriormente, un funcionario del DAS la reconoció como la esposa del Ministro de Gobierno, logrando que la llevaran de vuelta a la Casa de Nariño, donde Castro se encontraba aún en Consejo de Ministros.

Castro describe que el M-19 tenía una intención «delirante» de tomarse el poder y que esta operación fue financiada por el narcotráfico. Inmediatamente después de la toma, el M-19 se comunicó con los medios de comunicación para hacer públicas sus demandas, buscando transformar el secuestro en un «acto de justicia popular». Las exigencias centrales eran de naturaleza política y mediática

  1. Juicio Político Excepcional: La demanda fundamental era que el Presidente de la República, Belisario Betancur, o un apoderado delegado, se presentara ante la Corte Suprema de Justicia para ser sometido a un «juicio político» o «juzgamiento público».3
  2. Difusión de Proclama: La publicación íntegra de la proclama del M-19 en los diarios de circulación nacional y su difusión completa a través de las cadenas radiales.
  3. Espacio de Oposición: La creación de un espacio diario y permanente en la radio nacional para la expresión de las voces de la oposición.

El verdadero objetivo político del «juicio excepcional» no era solo la figura del Presidente, sino la condena de lo que el M-19 denominó la «entrega a pedazos» de la soberanía nacional, mencionando recursos y el controversial y «escandaloso tratado de extradición». Este último punto vincula directamente la plataforma política del M-19 con el interés táctico de la financiación criminal del narcotraficante Pablo Escobar, creando un punto de quiebre en la narrativa histórica.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *