El campo cada día está más difícil especialmente por el tema de la mano de obra. Los campos están poblados de campesinos, entrados en años, que han visto partir a sus hijos para la ciudad y se han quedado sin quien les ayude en los trabajos agrícolas.
Para hacer más difícil la situación, el precio de los abonos sube como la espuma de una cerveza y las cosechas al momento de la venta no dejan un peso de utilidad. El campesino se fue acostumbrando a los insumos químicos y hoy, sus tierras requieren más abonos sin que el costo se refleje en la producción.
De un tiempo para acá los revolucionarios de la agricultura han tratado de llevar al campesino a los insumos orgánicos, a los tradicionales, a esos que tienen como base el estiércol de vaca, cascarilla de arroz o paja, carbón vegetal, melaza y los microorganismos como levadura, que ayudan a la descomposición de la materia orgánica, pero que requieren de muchas manos para palear la tierra en la elaboración del bocashi.
El bocashi, sin duda, es un abono natural eficiente, pero requiere de muchas manos para palear tanta tierra y llevarla al cultivo, ese es su punto débil.
Para buscar solución a este problema otros investigadores han optado por los abonos fermentados, que remplazan la tierra con agua, a la que enriquecen con microorganismo y melaza, propiciando un proceso de fermentación que permite llevar el abono al cultivo mediante aspersión o por el sistema de riego por goteo.
Los bioinsumos son la alternativa para el campo hoy.


