
Con los vientos de agosto como inmensas mariposas ondeaban las banderas de los 75 países que eran esperados para el Mundial de Ciclismo. Era un verdadero espectáculo caminar por las calles de los barrios y la Ruta Mundialista. Las Banderas engalanaban calles y avenidas.
Se empezaba a ver el resultado del trabajo de las Juntas de Acción Comunal.
En las casas se izaban las banderas del país invitado y la de Duitama, en los postes se pintaban las banderas del país adoptado. Se estima que más de 130 mil banderas ondearon a lo largo y ancho de la ciudad, a tal punto que en repetidas oportunidades los almacenes de telas quedaron sin existencias y mientras llegaban los nuevos pedidos los duitamenses se desplazaron a Tunja y Sogamoso en la búsqueda de los materiales.
Pero no sólo las banderas ondeaban, también cambiaron el color de los postes de la energía eléctrica que se transformaron a medida que la Administración Municipal hizo llegar a las Juntas de Acción Comunal la pintura, para que los vecinos los decoraran con los colores de las banderas.
El civismo de los duitamenses floreció, pero en los preparativos de la gran fiesta del ciclismo orbital se desbordó y superó las expectativas más optimistas.

